sábado, 28 de febrero de 2015

Game over

03:44

Lo siento. No soy tan fuerte como tu. Nunca lo he sido en realidad, supongo que por eso siempre hice las cosas mal. No tengo tu frialdad ni tu indiferencia, y aunque alguna vez hubiera querido imitarla, he sido incapaz de mantenerla cuando te he tenido ante mi.
El peor sentimiento de todos, el sentir que es un castigo, una pena impuesta por ti a golpe de mazo para cumplir una condena que decidiste en silencio, y realmente duele sentir que piensas  que, después de todo, es eso lo que me merezco. No es justo, yo tampoco lo he pasado precisamente bien, ni antes, ni durante, ni a posteriori, pero no es siempre la justicia la que resuelve el dictamen al final de un juicio, y supongo que todos tus abogados estaban dispuestos a hacer lo imposible por derribarme.

Me echaste en cara el reaccionar, según tú, por sentir una pérdida. Es curioso que justo tú, tú mi amor..., me hables de hacer eso como la sentencia que me manda a la silla eléctrica.


Bueno, ese y el sentimiento de impotencia por no conseguir controlar todo lo que se me revuelve por dentro. El no poder ser racional, como siempre he intentado, y mantenerme al margen sin ningún tipo de afección alguna. Pero no puedo. Me descubro haciendo cosas que no son dignas de mi y que no he hecho por nadie y que, para más inri, acaban por demoler las pocas fuerzas que me quedaban.
Como un perdedor en el suelo de un rin ante las miradas de mil espectadores para saber sí seré capaz de levantarme. Como sí me hubieran extirpado un pedazo grande de algo que dejó de pertenecerme hace tiempo, y sólo deja un reguero se sangre tras de mi. Ante una extraña que se postra con mirada de desprecio digna de quien va a darte el último golpe antes de marcharse y celebrar su victoria. Y con la sensación de una derrota tan perfecta que no permitirá que vuelva a caminar, y por lo tanto, volver a participar. 
Aquí tienes mis guantes. Cuélgalos tú sí aún tienes algún bien recuerdo. 

http://youtu.be/f38BDQC6kPs


viernes, 27 de febrero de 2015

Why...?

00:32

Me pregunto si detrás de ese rencor y esa frialdad aun queda algo más escondido detrás de esa gruesa coraza. Algo por lo que merezca seguir la pena latiendo.
Yo lo llevo intentando desde el día que mi corazón se quebró en pedazos. No podía culparte eternamente.
Ni yo merezco tanta rabia en mi interior ni tu merecías cargar con esa losa. Pero aún sin culparte, siguen en mi cabeza la búsqueda de todas las explicaciones, la necesidad de entender por qué hiciste lo que hiciste, por qué me trataste así, por qué no me quisiste... 
Sabes? Hay muchas cosas que nunca te conté, como por ejemplo, que la noche de nuestro aniversario (aunque debería decir mío, ya que tu no mostraste ningún interés en celebrarlo ni tuviste ningún detalle conmigo), la pase entera llorando, durmiendo en el suelo del cuarto de baño, con Lúa arañando la puerta para ver que pasaba dentro. No era capaz de dormir a tu lado de la vergüenza que sentía de mi misma, la miseria a la que me sentía reducida.
Necesito saber todos esos porqués y los busco en las esquinas de cada calle que me recuerda a ti, que no son pocas... Como el por qué nunca me pusiste un "apodo" o un apelativo cariñoso, cuando lo has hecho con cada persona que se ha cruzado en tu camino, por qué no querías tocarme por las noches o aprender esas noches conmigo, por qué te resignaste a que todo acabara en cenizas para verme marchar una fría mañana y entonces querer todas esas cosas que nunca quisiste conmigo.

Y tu rencor revuelve el mío por dentro como las peores náuseas que nunca he sentido. Echándome en cara que no me quedara a tu lado, un lado que nunca supe que conllevaba.
Ambas queríamos cambiar muchas cosas de nosotras mismas, o eso decíamos.
Me reprochas que me marché para hacer cosas nuevas y me estanque en la seguridad de lo mismo, cuando tu me prometiste entre las lágrimas que crei más sinceras que buscarías ayuda para solucionar todas esas cosas que te quemaban por dentro y nunca querías compartir conmigo. Y fue vernos 3 veces y dejaste de quedar con ella, tal y como te predije y me negaste.

Me culpas por marcharme cuando me he despojado de todo lo que quería y me importaba - "por qué quisiste" - dirías tú, pero, sabes? Te equivoca en muchas cosas. No siempre se hacen las cosas porque uno quiera a pesar de no tener un revólver apuntándonos en la sien, porque aquella mañana de enero, te aseguro que lo que menos quería era irme precisamente, nunca lo quise, pero no me diste más alternativas.

Me dices que no crees que vaya a volver, y en cambio yo siento que eres tu la que no quieres que vuelva, al menos no cuando ni siquiera lo poco que pedí que me ayudaras para hacerlo lo pusiste en curso.
Descargas tu rabia contra mi con palabras huecas, castigándome por el dolor que te he causado, sin contar con el que llevo dentro todo este tiempo, junto con mi soledad, mi vacío, la eterna pregunta en mi cabeza de "que coño haces aquí cuando todo lo que deseas está tan lejos" y a la vez son todas esas cosas las que me impiden avanzar.

Suena fácil "volver", pero volver.. a qué? Sin un hogar, ni sustento ni estabilidad. Y sin ni sí quiera tú a mi lado. No es muy tentador por más que lo sueñe cada noche.

Ojalá me hubieras querido un poco más, o yo un poco menos, o al mínimo ambas un poco mejor.
Ojalá no me matará la idea de saber cuando has entrado otra vez por esa puerta de cristal y no estaba yo detrás del mostrador para verte... Y mirarte con los mismos ojos que desde el primer día, porque por mucho que haga lo que haga, sabes reconocer en mis ojos esa mirada cada vez que te he tenido delante.
Ojalá hubiera conseguido olvidarte. 
Ojalá no te quisiera. 
Ojalá no sintiera absolutamente nada, y así no me sentiría tan miserable, ni que mi vida no tiene ningún sentido desde aquel 26 de junio... Cuando me abrí por completo a ti, expuesta a todo, rogándote como un perro abandonado que me acogieras, me quisieras y me cuidaras, para acabar finalmente en la calle y más magullada que al inicio.

Te quise tanto... Creo que nunca podrás hacerte a la idea de cuanto. Hubiera dado mi vida por ti. Esa vida que ahora ya no quiero vivir. No cuando supe lo que era tocar el cielo mientras que ahora me toca arrastrarme cabizbaja con la mirada clavada en el suelo.

No habrá nadie como tu en mi vida. 
No habrá nadie.
No habrá vida, en definitiva.

jueves, 26 de febrero de 2015

Ours nights...

01:10

Otra noche más vengo a arroparte en mi locura. A darte mi beso de buenas noches, en silencio y a escondidas.

No sabes lo difícil que ha sido para mi no poder hacerlo cada una de las noches que te sabía llorando, al igual que yo, pero tan lejos de mi.
Que a penas puedo alcanzar a saber el 50% de tus noches de angustia y soledad, pero te aseguro, mi niña, que tu tampoco podrás de las mías. Que me hubiera arrancado los brazos más de mil veces por poder darte un abrazo y secar tus lágrimas, por decirte que seguía ahí, aunque no pudieras verme, pero, de qué hubiera servido más que para aumentar todo el dolor que te estaba causando? Hubiera matado a cien mil dragones que hubieran querido hacerte daño, y sólo podía acabar conmigo. Y morderme la lengua hasta desangrarme para no buscarte todas las veces que te necesité, porque eso me hubiera hecho aún peor persona... Y aún así, al no buscarte también lo hacía. 

Mi ausencia era la herida y mi presencia tu veneno. Y yo no he podido sentirme más que un monstruo todo este tiempo. Alguien que, haga lo que haga, sólo siembra el terror y el dolor a su paso, y tiene que vivir con esa miseria en el estómago. 

Ver sufrir a quien se quiere tanto, incluso después de que esa persona te haya hecho sufrir a ti... Es como un castigo.

Ven a mis brazos, acurrúcate en mi pecho y deja que te acaricie el pelo hasta que sienta que has caído dormida. Ven a mi mundo imaginario, donde te prometo que nadie ni nada podrá volver a hacerte daño. Abrázame y haz este momento eterno. Ese abrazo que no me diste, y que ya no me darás nunca, porque para ti. Mis brazos ya no significan nada. Ya no pueden protegerte, y en cambio yo, egoísta como una bruja cualquiera, me refugiaría en los tuyos y viviría allí eternamente. Respirando tu olor. Escuchando tus latidos. Remendando tus heridas. Haciendo de esa y mil más nuestras noches... Ya sabes como sigue...

http://youtu.be/9iLSFQN5lkM


miércoles, 25 de febrero de 2015

Butterfly effect


01:42

Y aquí estoy de nuevo, lanzando mis cartas al aire buscándoles un sentido. Intentando que el hielo en tus palabras no me provoque estos escalofríos que me hacen comer techo, noche tras noche.

A veces me pregunto sí hubiera sido mejor no conocernos, porque antes de ti (como canta ella) yo era feliz sabiendo que estaba sola, y que siempre lo estaría. Acabé pensando  que no había un más allá que las emociones básicas y las relaciones superficiales, y podía saltar de una en otra intentando absorber lo mejor de todas ellas.
Pero entonces tú. 
Llegas y desmontas mi mundo. 
Me creas mariposas, terremotos, maremotos y mil cosas más que creía sólo fruto de la adolescencia. Llegas y me inundo de sentimientos, energías, y mil maneras de querer hacerte feliz. Llegas y me olvido de mi y de mi mundo. Llegas y aprendes a transportarme a otro lugar en tan sólo unos segundos.

Y ahora te vas. Te vas de ese mundo que creaste para mi y de repente en toda mi vida, nuca me había sentido tan sola, como sí me hubieran arrancado una parte de mi, una grande, una amputación quirúrgica de uno de los ventrículos de mi corazón, que ahora es más pequeño y tiene que hacer el doble de esfuerzo para conseguir latir y mantenerme con vida.

Se van tus abrazos eternos y tus manos de músico, y yo me muero por ser una pieza a interpretar por ellas. Sabes? Desde aquella primera vez una tarde de junio, sólo me has acariciado dos veces en todo este tiempo. Sí, acariciar como a mi me vuelve loca acariciarte a ti. Acariciarme sin mirar el reloj, sin prisas ni contemplaciones, tan sólo recorrer kilómetros de piel dejando vagar tus dedos por cada rincón al descubierto. Creo que ha sido una de las sensaciones más maravillosas que he vivido en mi vida. Una fue en mi cama y la otra en la tuya, en nuestra segunda fase, por supuesto, y podría decirte los días exactos, la hora y hasta los minutos. Y me cortaría cada uno mis dedos por volver a vivirlo de nuevo algún día... Porque nadie como tu, sabe regalarme esa paz, aunque la vendieras tan cara.

Y la cama se hace enorme imaginando mil historias y momentos. Y la mente se evapora y se vuelve locura, agonizando por saber que nada de eso volverá a formar parte de mi vida, que nada ni nadie podrá regalarme todas esas mariposas ni siquiera en sueños.
Y ahora la vida me parece más miserable que antes. Más absurda y sin sentido. Tan sólo dejando pasar los días como una película que transcurre ante mis ojos y de la que intento atrapar alguna lección que me ayude a conseguir ser mejor persona.

Recuerdas? Aquel día en tu cama, no hace tanto, que me hiciste el amor despacio y me desbordaste tanto que acabe llorando hasta quedarme sin aliento... Y tú, ingenua, pensaste que lloraba por algún sentimiento de culpabilidad, por haber encontrado a otra persona que me regalaba lo que sólo tu sabias darme.
Ese día te las quedaste todas. Mis mariposas. Las encerraste en un bote de cristal y las guardaste a buen recaudo.
Ya no pueden volar, no sí tú no las liberas. Pero prefieres dejarlas ahí dentro, observándonos a través del cristal casa vez que he estado a tu lado.
Son tuyas, tonta. No van a volar tan lejos como yo lo hice. No van a encontrar a otra como tú, por más que huya y recorra mil países. 
No las dejes morir ahí dentro. No dejes que se asfixien siendo espectadoras de esta insulsa vida, como yo lo hago. Y yo, mientras tanto, soñare con volver a sentir las tuyas en aquel mundo imaginario, del que te marchaste en silencio.

martes, 24 de febrero de 2015

Broken hugs

01:03

Sabes cual es la diferencia entre nosotras? 
Yo terminé con algo que estaba roto, tanto, que cada vez que intentaba reconstruirlo, me cortaba con los pedazos del suelo sin importarme cuanto sangrara al recogerlos. 
Cogí las maletas una fría mañana de enero y con el estómago encogido y el corazón rebosando, terminé de romper aquello que nos unía en el mundo terrenal, el tangible, el que todos podían ver y entender.

Pero seguimos existiendo en otro. 
Sí, sabes de lo que hablo. Ese que creamos a prueba de balas y de rasguños. En el que ambas esperábamos, quizás de manera errónea, que se pudieran volver a juntar los pedazos o poner una tirita con dibujos y arreglarlo todo con un beso y un curasana.

Por el contrario, tu decidiste acabar con Syrk y Ksun... Lo poco que latía silenciosamente en nuestro pequeño mundo, dejó de respirar hasta asfixiarse en su propia agonía.

Supongo que podríamos crear un océano juntas recogiendo todas las lágrimas que hemos derramado en silencio y en la distancia. Y es curioso, porque q veces siento que, sí existiera, nos subiríamos en la misma barca y remaríamos al unísono hasta encontrar un paraíso a salvo.

Me pregunto sí alguna vez pensante en ellas, sí les hablaste como yo hacia. Sí, seguro que sí... Tenías que hacerlo. Aunque sé que ya no. Y por eso duele.
Y no te culpo. No hay culpables en los cuentos aunque quieran pintarnos que sí. Tu dejaste de sentirme de una manera y yo de otra, y poco a poco se fue apagando la fuerza que las mantenía con vida. Quizás es lo correcto. Y a la vez lo que me esta matando.

"El mundo se paró cuando me acogiste en tus brazos.. No puedo describir todo lo que me hiciste sentir, pero sí sé que me sentí en casa."

El día que que no lo hiciste, fue como una bala atravesándome en el pecho. Desde entonces, vive ahí dentro, para recordármelo.
Y ahora más que nunca, me siento huérfana...


I hate you

00:12

A veces no puedo no mirarme al espejo de lo que me odio

A veces no puedo ni soñarte de lo que te odio.. 
Te odio por seguir ahí, en el mismo rincón de mi corazón acurrucada, te odio por haberme dejado soñar a tu lado, por haberme hecho creer, que por una vez, podía tener algo real... Una familia, un futuro... Ver crecer, quizás, una nueva vida a tu lado, descubrir, experimentar y crecer juntas. Quizás la culpa fue mía, por inventarme todos esos sueños e ilusiones. A lo mejor no estaban en ninguna parte y yo los creé del humo que tu boca iba soltando y yo lo moldeaba a mi antojo y mis anhelos. Después de todos los portazos en la cara, debería haber aprendido a vivir despierta y a saber, que tu no querías compartir conmigo las mismas cosas, que no querías cuidarme y respetarme hasta que las canas nos cubrieran los cabellos, aún planchados a diario, y las arrugas fueran sólo un dibujo más que jugar a perseguir con las yemas de mis dedos.

Te odio. 

Y me odio por haber sido tan ingenua. 

Siempre lo supe, desde el primer día, que hay gente que no merece comer perdices, que las brujas, no se convierten en princesas por más que se arreglen o se maquillen, y al final del cuento, siempre acaban solas, o bajo tierra..


http://youtu.be/7cZYvszjRLA

My little spoon..

00:27

Odio sentirme tan egoísta, de querer retener estos sentimientos, de no querer perder todas esas imágenes, sensaciones... Me siento como quien intenta asir el agua en sus manos y observa con angustia como se le escurren las gotas entre los dedos.
Tu eras el agua. Y ya no puedo sentir tu tacto contra mi piel.
Qué haré ahora con todo lo que guardo dentro? Qué haré con todo el cariño que no quiero derramar sobre nadie más? Qué hacer para evitar el querer retener el sabor de tus besos y el olor de tu piel.

Me pregunto sí alguna vez me deseaste. Pero no como cuando se ansía algo que pierdes o algo que quieres retener a tu lado. Sino como se desean los amantes, los que se pierden horas fundidos en un sólo cuerpo intentando encontrar el propio.

Y lo peor no es seguir deseándote como el primer día, ni que tú no lo hagas sí es que lo hiciste algún día.
Sino, el no poder desear otra cosa, otros personas. El no poder tocar otro cuerpo, por miedo a olvidar con ellos la forma y el tacto del tuyo. El no querer que nadie toque un resquicio de mi piel, no vaya a ser que borre cualquier huella que tus manos dibujaron antes. 
Y que aún dibujan. 
Mientras duermo.


When the night is my enemy, the steel is my ally.



 00:02

Hacia tiempo que no sentía esta impotencia, ni está angustia que arde por dentro como sí mis órganos fueran a convertirse en ceniza, esas ganas irrefrenables de llorar hasta sentir el tambor golpeando tus sienes, esa locura, que sólo el acero punzante sabe calmar y saciarme hasta quedarme dormida. O tú, que con tan sólo un abrazo podías evaporar todo el terror y transportarme a un lugar seguro.

Pero ya no estás.

Ni ésta ni ninguna otra noche.

Y no puedo abrir las ventanas y gritar tu nombre esperando que vengas a salvarme. No hay aire suficiente en mis pulmones, ni paciencia en tu corazón.
Me creí racional y ahora me siento sobre mis rodillas mendigando unas migajas de cordura para conseguir atar mis manos y no escribirte más palabras aunque sean insignificantes. 

"Cállate", no para de repetirme. Y aún sabiendo que tiene razón, me quemo las muñecas por buscar una razón para hacerlo.

Lo siento.
Siento haberte decepcionado. Y a mi misma. Pensé que era más fuerte, más segura, menos cobarde... Pero qué vacío se siente cuando ya no hay donde aferrarse! Qué grande y oscuro abismo al que me empujaste y del que, sin tus alas, sólo caeré en picado.

Qué triste la vida sin alguien a quien amar o sentirse amado. Qué dura la certeza de que no encontraré en nadie ni tus ojos, ni tus labios, ni tus manos.

Hacerlo infinito...

00:32

Buenas noches pequeña. 
Hoy mataría por darte un beso de buenas noches y dormir abrazada a ti. Incluso aunque no te gires, aunque no me agarres, aunque tu frío me duela como mil agujas clavándose en mi piel.. Mataría por esconder mi nariz en tu nuca y posar mis labios en tu cuello, arañar tu espalda para hacerte estremecer y sentir que mis brazos, al rodearte, pueden protegerte de cualquier mal. Incluso de mi misma. 

Ojalá estas lágrimas no fueran por ti, o por este vacío que dejas.

A veces es bonito vivir en un cuento aún cuando sabemos que es mentira. Pensar que alguien nos lee y nos siente desde el otro lado, que en la distancia, nos sigue amando como soñamos que algún día hizo, y que, aunque desde lugares y situaciones opuestas, pasamos al unísono las páginas para poder sentir en ese instante, el tacto de las yemas de tus dedos rozando las mías.
Ya no soñare más contigo. Me lo ha prohibido mi razón. Ya no seguiré molestándote, ni entorpeceré más tu camino.
Siento haber sido tan egoísta de no querer perderte, de seguir queriéndote en silencio, de seguir necesitando tus caricias para poder respirar cuando estas tan lejos y siento que no habrá manos que podrán leer el braile de mi cuerpo como tu lo hacías.
Siento querer de ti lo que no puedo tener, y odio que tu ya no quieras darme nada...

Buenas noches pequeña. 
Ni la luna ni el viento podrán abrazarme de la misma manera, pero inevitablemente, me traerán tu recuerdo de nuevo.


Goodbye love, hello loneliness


00.56

Mirarte a los ojos y desgarrarme con palabras dejando herida abierta en mis sentimientos y encontrar en ellos tan sólo tu sonrisa satisfactoria, junto a la gris y fría indiferencia de quien dejó de querer contar mis lunares, mientras yo me moría por recorrer con mis yemas cada una de tus pecas, cada centímetro de tu piel.

Como abrazar al vacío, buscando ingenuamente esa sensación de paz que sólo tus brazos podían otorgarme y sentir que ahora tan sólo son humo que me atraviesa sin ni siquiera tocarme.

Ya no puedo ser una niña a tu lado, ya no puedo abandonarme a ti, ya no quieres protegerme y cuidarme. 
Enhorabuena. Has pasado página, o has creado una coraza lo suficientemente gruesa como para que ya nada pueda aflorar de ti. 
Lo conseguiste. Te protegiste, avanzaste y estoy orgullosa de ti, es lo que siempre quise. Aunque eso no evita que duela y te sienta como una completa extraña a la que deseo rogarle que te devuelva.

Destruiste nuestro pequeño planeta infinito, o lo poco que quedaba de él, los pocos pedazos que yo dejé, en realidad. Y ahora ya nada tiene sentido. Ya no podré escuchar nuestras canciones, ni viajar contigo a todos esos lugares, ni sentir que había algo especial. Dejar de ser especial, incondicional.
Yo no lo seré nunca más, pero tu siempre serás mi niña, aunque a partir de ahora ya no te lo diga, no te lo susurre al oído cada noche antes de acurrucarme a tu lado, aunque ya no puedas ver el brillo de mis ojos al mirarte o mirar tus fotos, o sentir como mi cuerpo se estremece entre tus brazos. 

Ojalá yo pudiera ser tan fuerte, tan indiferente, como para que todos esos sentimientos no me afectaran, no aparecieran al tenerte delante, no te deseara, en definitiva.

Ojalá lo aprendiera de ti.

Porque en mi soledad, de alguna manera, seguías estando ahí, de manera invisible a los demás, y sin saberlo, me dabas fuerzas para seguir y me arropabas en sueños cada noche.

Y sabes que jamás dejaré de echar de menos tus labios, tus besos, el rozar la punta de tu lengua con la mía, el perderme en la intensidad de tu mirada o entrelazar mis manos con las tuyas.
Sabes que jamás desearé a nadie de la misma forma al igual que nadie sabrá darme lo que tu me dabas, y aunque duela y sea injusto, habrá que aprender a vivir con ello.

Pasaste silenciosamente la página y para mi fue como una losa que se dejaba caer fuerte contra mi, levantando con su fuerza todos esos sueños e ilusiones que aún dormían escondidos en algún rincón, de forma egoísta e inmadura, soñando con despertar cada vez que estuviera a tu lado.

Pero no lo hiciste.
Ni ésta ni las otras veces.
Les dejaste esperando impacientes demostrando que ya no estarías nunca más para ellos. 
Y así aprendí a asumir que debía dejarte cerrar ese libro y apartarme sumisa de tu camino, porque ni siquiera en nuestro pequeño mundo, seguías ya soñando conmigo.

Reconstruiste los cristales que yo había ido rompiendo paulatinamente  lanzado pequeñas piedras contra tus ventanas y ya ni el aire ni mi aliento puede entrar en ellas aunque en tu cuello siga estando mi huella...

Nunca fuiste mi amiga, por eso siempre serás mi amor, mi fruta prohibida, en la distancia, en el silencio, en el vacío que me llevo tan pesado que apenas me deja respirar. Ese que te hace despertar como quien te vacía una jarra de agua helada sobre la cabeza. Y toca levantarse y aprender a vivir sin esos sueños, esos sentimientos, esas pecas, esos labios, esos ojos... 
Y aceptar un destino incierto que se siente como una pistola constante apuntándote la sien.