00:32
Me pregunto si detrás de ese rencor y esa frialdad aun queda algo más escondido detrás de esa gruesa coraza. Algo por lo que merezca seguir la pena latiendo.
Yo lo llevo intentando desde el día que mi corazón se quebró en pedazos. No podía culparte eternamente.
Ni yo merezco tanta rabia en mi interior ni tu merecías cargar con esa losa. Pero aún sin culparte, siguen en mi cabeza la búsqueda de todas las explicaciones, la necesidad de entender por qué hiciste lo que hiciste, por qué me trataste así, por qué no me quisiste...
Sabes? Hay muchas cosas que nunca te conté, como por ejemplo, que la noche de nuestro aniversario (aunque debería decir mío, ya que tu no mostraste ningún interés en celebrarlo ni tuviste ningún detalle conmigo), la pase entera llorando, durmiendo en el suelo del cuarto de baño, con Lúa arañando la puerta para ver que pasaba dentro. No era capaz de dormir a tu lado de la vergüenza que sentía de mi misma, la miseria a la que me sentía reducida.
Necesito saber todos esos porqués y los busco en las esquinas de cada calle que me recuerda a ti, que no son pocas... Como el por qué nunca me pusiste un "apodo" o un apelativo cariñoso, cuando lo has hecho con cada persona que se ha cruzado en tu camino, por qué no querías tocarme por las noches o aprender esas noches conmigo, por qué te resignaste a que todo acabara en cenizas para verme marchar una fría mañana y entonces querer todas esas cosas que nunca quisiste conmigo.
Y tu rencor revuelve el mío por dentro como las peores náuseas que nunca he sentido. Echándome en cara que no me quedara a tu lado, un lado que nunca supe que conllevaba.
Ambas queríamos cambiar muchas cosas de nosotras mismas, o eso decíamos.
Me reprochas que me marché para hacer cosas nuevas y me estanque en la seguridad de lo mismo, cuando tu me prometiste entre las lágrimas que crei más sinceras que buscarías ayuda para solucionar todas esas cosas que te quemaban por dentro y nunca querías compartir conmigo. Y fue vernos 3 veces y dejaste de quedar con ella, tal y como te predije y me negaste.
Me culpas por marcharme cuando me he despojado de todo lo que quería y me importaba - "por qué quisiste" - dirías tú, pero, sabes? Te equivoca en muchas cosas. No siempre se hacen las cosas porque uno quiera a pesar de no tener un revólver apuntándonos en la sien, porque aquella mañana de enero, te aseguro que lo que menos quería era irme precisamente, nunca lo quise, pero no me diste más alternativas.
Me dices que no crees que vaya a volver, y en cambio yo siento que eres tu la que no quieres que vuelva, al menos no cuando ni siquiera lo poco que pedí que me ayudaras para hacerlo lo pusiste en curso.
Descargas tu rabia contra mi con palabras huecas, castigándome por el dolor que te he causado, sin contar con el que llevo dentro todo este tiempo, junto con mi soledad, mi vacío, la eterna pregunta en mi cabeza de "que coño haces aquí cuando todo lo que deseas está tan lejos" y a la vez son todas esas cosas las que me impiden avanzar.
Suena fácil "volver", pero volver.. a qué? Sin un hogar, ni sustento ni estabilidad. Y sin ni sí quiera tú a mi lado. No es muy tentador por más que lo sueñe cada noche.
Ojalá me hubieras querido un poco más, o yo un poco menos, o al mínimo ambas un poco mejor.
Ojalá no me matará la idea de saber cuando has entrado otra vez por esa puerta de cristal y no estaba yo detrás del mostrador para verte... Y mirarte con los mismos ojos que desde el primer día, porque por mucho que haga lo que haga, sabes reconocer en mis ojos esa mirada cada vez que te he tenido delante.
Ojalá hubiera conseguido olvidarte.
Ojalá no te quisiera.
Ojalá no sintiera absolutamente nada, y así no me sentiría tan miserable, ni que mi vida no tiene ningún sentido desde aquel 26 de junio... Cuando me abrí por completo a ti, expuesta a todo, rogándote como un perro abandonado que me acogieras, me quisieras y me cuidaras, para acabar finalmente en la calle y más magullada que al inicio.
Te quise tanto... Creo que nunca podrás hacerte a la idea de cuanto. Hubiera dado mi vida por ti. Esa vida que ahora ya no quiero vivir. No cuando supe lo que era tocar el cielo mientras que ahora me toca arrastrarme cabizbaja con la mirada clavada en el suelo.
No habrá nadie como tu en mi vida.
No habrá nadie.
No habrá vida, en definitiva.