00:02
Hacia tiempo que no sentía esta impotencia, ni está angustia que arde por dentro como sí mis órganos fueran a convertirse en ceniza, esas ganas irrefrenables de llorar hasta sentir el tambor golpeando tus sienes, esa locura, que sólo el acero punzante sabe calmar y saciarme hasta quedarme dormida. O tú, que con tan sólo un abrazo podías evaporar todo el terror y transportarme a un lugar seguro.
Pero ya no estás.
Ni ésta ni ninguna otra noche.
Y no puedo abrir las ventanas y gritar tu nombre esperando que vengas a salvarme. No hay aire suficiente en mis pulmones, ni paciencia en tu corazón.
Me creí racional y ahora me siento sobre mis rodillas mendigando unas migajas de cordura para conseguir atar mis manos y no escribirte más palabras aunque sean insignificantes.
"Cállate", no para de repetirme. Y aún sabiendo que tiene razón, me quemo las muñecas por buscar una razón para hacerlo.
Lo siento.
Siento haberte decepcionado. Y a mi misma. Pensé que era más fuerte, más segura, menos cobarde... Pero qué vacío se siente cuando ya no hay donde aferrarse! Qué grande y oscuro abismo al que me empujaste y del que, sin tus alas, sólo caeré en picado.
Qué triste la vida sin alguien a quien amar o sentirse amado. Qué dura la certeza de que no encontraré en nadie ni tus ojos, ni tus labios, ni tus manos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario