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A veces no puedo no mirarme al espejo de lo que me odio
A veces no puedo ni soñarte de lo que te odio..
Te odio por seguir ahí, en el mismo rincón de mi corazón acurrucada, te odio por haberme dejado soñar a tu lado, por haberme hecho creer, que por una vez, podía tener algo real... Una familia, un futuro... Ver crecer, quizás, una nueva vida a tu lado, descubrir, experimentar y crecer juntas. Quizás la culpa fue mía, por inventarme todos esos sueños e ilusiones. A lo mejor no estaban en ninguna parte y yo los creé del humo que tu boca iba soltando y yo lo moldeaba a mi antojo y mis anhelos. Después de todos los portazos en la cara, debería haber aprendido a vivir despierta y a saber, que tu no querías compartir conmigo las mismas cosas, que no querías cuidarme y respetarme hasta que las canas nos cubrieran los cabellos, aún planchados a diario, y las arrugas fueran sólo un dibujo más que jugar a perseguir con las yemas de mis dedos.
Te odio.
Y me odio por haber sido tan ingenua.
Siempre lo supe, desde el primer día, que hay gente que no merece comer perdices, que las brujas, no se convierten en princesas por más que se arreglen o se maquillen, y al final del cuento, siempre acaban solas, o bajo tierra..
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