martes, 24 de febrero de 2015

Goodbye love, hello loneliness


00.56

Mirarte a los ojos y desgarrarme con palabras dejando herida abierta en mis sentimientos y encontrar en ellos tan sólo tu sonrisa satisfactoria, junto a la gris y fría indiferencia de quien dejó de querer contar mis lunares, mientras yo me moría por recorrer con mis yemas cada una de tus pecas, cada centímetro de tu piel.

Como abrazar al vacío, buscando ingenuamente esa sensación de paz que sólo tus brazos podían otorgarme y sentir que ahora tan sólo son humo que me atraviesa sin ni siquiera tocarme.

Ya no puedo ser una niña a tu lado, ya no puedo abandonarme a ti, ya no quieres protegerme y cuidarme. 
Enhorabuena. Has pasado página, o has creado una coraza lo suficientemente gruesa como para que ya nada pueda aflorar de ti. 
Lo conseguiste. Te protegiste, avanzaste y estoy orgullosa de ti, es lo que siempre quise. Aunque eso no evita que duela y te sienta como una completa extraña a la que deseo rogarle que te devuelva.

Destruiste nuestro pequeño planeta infinito, o lo poco que quedaba de él, los pocos pedazos que yo dejé, en realidad. Y ahora ya nada tiene sentido. Ya no podré escuchar nuestras canciones, ni viajar contigo a todos esos lugares, ni sentir que había algo especial. Dejar de ser especial, incondicional.
Yo no lo seré nunca más, pero tu siempre serás mi niña, aunque a partir de ahora ya no te lo diga, no te lo susurre al oído cada noche antes de acurrucarme a tu lado, aunque ya no puedas ver el brillo de mis ojos al mirarte o mirar tus fotos, o sentir como mi cuerpo se estremece entre tus brazos. 

Ojalá yo pudiera ser tan fuerte, tan indiferente, como para que todos esos sentimientos no me afectaran, no aparecieran al tenerte delante, no te deseara, en definitiva.

Ojalá lo aprendiera de ti.

Porque en mi soledad, de alguna manera, seguías estando ahí, de manera invisible a los demás, y sin saberlo, me dabas fuerzas para seguir y me arropabas en sueños cada noche.

Y sabes que jamás dejaré de echar de menos tus labios, tus besos, el rozar la punta de tu lengua con la mía, el perderme en la intensidad de tu mirada o entrelazar mis manos con las tuyas.
Sabes que jamás desearé a nadie de la misma forma al igual que nadie sabrá darme lo que tu me dabas, y aunque duela y sea injusto, habrá que aprender a vivir con ello.

Pasaste silenciosamente la página y para mi fue como una losa que se dejaba caer fuerte contra mi, levantando con su fuerza todos esos sueños e ilusiones que aún dormían escondidos en algún rincón, de forma egoísta e inmadura, soñando con despertar cada vez que estuviera a tu lado.

Pero no lo hiciste.
Ni ésta ni las otras veces.
Les dejaste esperando impacientes demostrando que ya no estarías nunca más para ellos. 
Y así aprendí a asumir que debía dejarte cerrar ese libro y apartarme sumisa de tu camino, porque ni siquiera en nuestro pequeño mundo, seguías ya soñando conmigo.

Reconstruiste los cristales que yo había ido rompiendo paulatinamente  lanzado pequeñas piedras contra tus ventanas y ya ni el aire ni mi aliento puede entrar en ellas aunque en tu cuello siga estando mi huella...

Nunca fuiste mi amiga, por eso siempre serás mi amor, mi fruta prohibida, en la distancia, en el silencio, en el vacío que me llevo tan pesado que apenas me deja respirar. Ese que te hace despertar como quien te vacía una jarra de agua helada sobre la cabeza. Y toca levantarse y aprender a vivir sin esos sueños, esos sentimientos, esas pecas, esos labios, esos ojos... 
Y aceptar un destino incierto que se siente como una pistola constante apuntándote la sien. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario