miércoles, 25 de febrero de 2015

Butterfly effect


01:42

Y aquí estoy de nuevo, lanzando mis cartas al aire buscándoles un sentido. Intentando que el hielo en tus palabras no me provoque estos escalofríos que me hacen comer techo, noche tras noche.

A veces me pregunto sí hubiera sido mejor no conocernos, porque antes de ti (como canta ella) yo era feliz sabiendo que estaba sola, y que siempre lo estaría. Acabé pensando  que no había un más allá que las emociones básicas y las relaciones superficiales, y podía saltar de una en otra intentando absorber lo mejor de todas ellas.
Pero entonces tú. 
Llegas y desmontas mi mundo. 
Me creas mariposas, terremotos, maremotos y mil cosas más que creía sólo fruto de la adolescencia. Llegas y me inundo de sentimientos, energías, y mil maneras de querer hacerte feliz. Llegas y me olvido de mi y de mi mundo. Llegas y aprendes a transportarme a otro lugar en tan sólo unos segundos.

Y ahora te vas. Te vas de ese mundo que creaste para mi y de repente en toda mi vida, nuca me había sentido tan sola, como sí me hubieran arrancado una parte de mi, una grande, una amputación quirúrgica de uno de los ventrículos de mi corazón, que ahora es más pequeño y tiene que hacer el doble de esfuerzo para conseguir latir y mantenerme con vida.

Se van tus abrazos eternos y tus manos de músico, y yo me muero por ser una pieza a interpretar por ellas. Sabes? Desde aquella primera vez una tarde de junio, sólo me has acariciado dos veces en todo este tiempo. Sí, acariciar como a mi me vuelve loca acariciarte a ti. Acariciarme sin mirar el reloj, sin prisas ni contemplaciones, tan sólo recorrer kilómetros de piel dejando vagar tus dedos por cada rincón al descubierto. Creo que ha sido una de las sensaciones más maravillosas que he vivido en mi vida. Una fue en mi cama y la otra en la tuya, en nuestra segunda fase, por supuesto, y podría decirte los días exactos, la hora y hasta los minutos. Y me cortaría cada uno mis dedos por volver a vivirlo de nuevo algún día... Porque nadie como tu, sabe regalarme esa paz, aunque la vendieras tan cara.

Y la cama se hace enorme imaginando mil historias y momentos. Y la mente se evapora y se vuelve locura, agonizando por saber que nada de eso volverá a formar parte de mi vida, que nada ni nadie podrá regalarme todas esas mariposas ni siquiera en sueños.
Y ahora la vida me parece más miserable que antes. Más absurda y sin sentido. Tan sólo dejando pasar los días como una película que transcurre ante mis ojos y de la que intento atrapar alguna lección que me ayude a conseguir ser mejor persona.

Recuerdas? Aquel día en tu cama, no hace tanto, que me hiciste el amor despacio y me desbordaste tanto que acabe llorando hasta quedarme sin aliento... Y tú, ingenua, pensaste que lloraba por algún sentimiento de culpabilidad, por haber encontrado a otra persona que me regalaba lo que sólo tu sabias darme.
Ese día te las quedaste todas. Mis mariposas. Las encerraste en un bote de cristal y las guardaste a buen recaudo.
Ya no pueden volar, no sí tú no las liberas. Pero prefieres dejarlas ahí dentro, observándonos a través del cristal casa vez que he estado a tu lado.
Son tuyas, tonta. No van a volar tan lejos como yo lo hice. No van a encontrar a otra como tú, por más que huya y recorra mil países. 
No las dejes morir ahí dentro. No dejes que se asfixien siendo espectadoras de esta insulsa vida, como yo lo hago. Y yo, mientras tanto, soñare con volver a sentir las tuyas en aquel mundo imaginario, del que te marchaste en silencio.

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